18/Nov/2017

ES LA EDICIÓN CON MAYOR PARTICIPACIÓN

El concurso de Radio Lanzarote finaliza con la recepción de 248 microrrelatos

El nombre de los tres ganadores y de los siete finalista se darán a conocer en la segunda quincena de septiembre

El concurso de Radio Lanzarote finaliza con la recepción de 248 microrrelatos

El Concurso de Microrrelatos de Radio Lanzarote ha finalizado con la recepción de 248 propuestas literarias siendo la edición con mayor paticipación. En la segunda quincena de septiembre se dará a conocer el nombre de los tres relatos ganadores y de los siete finalistas.

Los participantes tuvieron hasta el 31 de agosto para enviar sus relatos, que este año tenían que tener a Rafael Arozarena como protagonista. La propuesta en esta nueva edición era construir un relato que supusiera una continuación a las palabras finales de la novela "Mararía", que dicen así: "En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros...”

Como en ediciones anteriores, la radio tenía que formar parte de la historia y la extensión máxima de los relatos tenía que ser de 100 palabras incluyendo el título.

Desde que se abrió el plazo el 4 de julio, los relatos que fueron llegando se fueron publicando en La Voz de Lanzarote y leyéndose en el espacio "Lectura en la Radio". Estos son los últimos relatos recibidos: 

 

Paseo mortal


Pájaros negros que proyectaban sombras negras sobre las Ramblas de Barcelona y que anunciaban el triste presagio de lo que iba a suceder.

Yo caminaba por el paseo escuchando la radio, cuando de repente su sonido se ocultó entre los gritos de la gente que huía de una furgoneta blanca que les iba atropellando sin compasión; solo oía las llamadas de socorro de personas heridas que derramaban su sangre y el grito desgarrador de las madres por sus hijos muertos: ¡¡¡Mi niño, mi niño, mi niño!!! .

Ese día la muerte también fué a pasear por las Ramblas.

 

Viaje en el tiempo


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros…

Sonaba Extremoduro en la radio del viejo Seat. Haber recorrido esos kilómetros no serviría de nada si ahora me echaba atrás. Pisé el acelerador. A lo lejos vislumbré nuestra antigua casa. Una vez allí, salte la valla y llegado al punto exacto empecé a cavar. Gotas de sudor resbalaban por mi cabeza rapada. De pronto, el choque metálico de la pala con la caja me hizo estremecer. La saqué, la abrí y allí estaba con todos mis juguetes, Tedy, mi osito de peluche, aquel del que mamá me había obligado a deshacerme a mis quince años.

 

Instinto


"……… unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros que llevaban grabada en sus tetracromáticas retinas la arena blanca, blanquísima, rasgada por una impactante línea azul de un mar en calma.
Y cuánto más alto su vuelo, más hermoso el espectáculo, menos terrenal, menos efímero.
Ellos, los pájaros negros, no entendían de belleza pero tampoco de tragedia; solo el instinto les hacía esperar el instante de proceder.
Mientras tanto, la versión mas underground de “piensa en mi”sonaba pretenciosa desde alguna radio.
Y esos pájaros negros...¡¡Dios...esos pájaros!!

 

Víspera


….. unos pájaros negros”
…..tanto, como la sombra enjuta y rabiosa plasmada para siempre en la caliza y ardiente pared de mediodía.
Era mi hijo…..acendrado…..pero no le reconocía.
Acaso era mi sangre…..gélida, escarchada.
Oía mi voz…..pero eran quejidos desgarrados de otras madres desde una lejana onda portadora haciendo vibrar aquel arcaico cacharro.
Eran unos pájaros negros provocando a unos alegres pájaros multicolores.
No eran menos hermosos, no; ni menos libres, tampoco; ni su vuelo más torpe, qué no.....
Sencillamente eran pájaros de mal agüero.

 

Ofrenda


“En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros cuan lluvia cenicienta.
La tierra temblaba y las olas golpeaban la barca donde madre e hija escucharon, abrazadas, el desgarrador grito del Volcán. Su Dios inundó la aldea de ígnea tristeza por su novia perdida, a quien su progenitora prefirió entregar al mar. Y la oscuridad cubrió la isla durante siglos”.
Faya escuchó la leyenda en la radio y se secó el miedo del rostro. No huiría. Estaba lista para convertirse en esposa del Volcán.

 

On Air


Comienza el programa de radio: “En el cielo unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros, que estiran los rayos del astro rey hasta despertar al archipiélago. Son aves nocturnas que acompañan a la luna, encargadas de cambiar el velo de la noche por el día. Su jubiloso gorjeo se confunde con furiosos graznidos. Marchan a descansar. Tras la puesta de sol, reaparecen. Cambian de nuevo el velo y preparan el trono a la luna. Junto a ella vigilan las siete islas”.

 

Sin Título


“En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros… Y con esto, ponemos punto y final a la lectura de Mararía, novela de Rafael Arozarena…"
La anciana apagó de un golpe el transistor. A la luz de una vela, contempló por última vez sus fotos de juventud y se abrió paso hacia la puerta, apartando las montañas de basura. Se asomó a la calle, con cuidado de no ser vista. Respiró tranquila. Duerme Femés. Y en el silencio, sólo los ladridos de los perros.

 

Sin Título


…Fue la frase que alguien leyó en la radio cuando desperté de mi pesado sueño en el transporte colectivo y miré por la ventana sin reconocer el lugar. Había rebasado mi destino. Bajé y caminé de vuelta un tramo que parecía interminable entre el viento polvoso. Pero si alcanzaba a ver el puente rojo, no podía estar tan lejos. Cuarenta minutos después estaba en casa y mi tío Mario esperando en la puerta a que llegara alguien. No existían los teléfonos móviles y no teníamos uno fijo. Era todo un mérito aventurarse a visitarnos. Además, nos llevó un regalo.

 

Alivio


«En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros y brillantes, como el charol de los zapatos de la niña que asomaban entre el follaje…». Mónica no siguió escuchando la noticia que daban en la radio. No quería saber nada más. Entró de puntillas en la habitación de su hija y posó con suavidad la mano sobre su pecho para percibir el movimiento acompasado de la respiración. Mañana, mañana le diría lo de su amiga. Hoy, solo quería sentirla viva.

 

Curioso salvamento


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros que huían del azor. Los cuervos se separaron, volaron en diferentes direcciones para distraer al perseguidor. El azor se fijó en un cuervito que se ocultó tras una caja negra, en un jardín; cuando el ave rapaz estaba por atrapar a su presa, de la caja surgió un rugido de león. El azor espantado huyó del aparato de radio que emitía un programa sobre la fauna de Sotavento; así ocurrió, cuervito, tu curioso salvamento…

 

Papagayo, Lanzarote


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros azorados por una bulla insoportable. Un niño, en el jardín de su casa, tenía una enorme radio que tronaba música rock. Las aves se percataron de dónde provenía el ruido. Descendieron hasta el jardín y capturaron la radio con sus garras. La transportaron lejos: la arrojaron en Papagayo, el trozo de costa más apetecible de Lanzarote. El niño lloró desconsolado. Y la madre lo castigó, sin creer una sola palabra de su relato atormentado.

 

Holocausto aviar


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; pájaros negros que huían de un inusual perseguidor. Los cuervos suelen eludir a búhos y halcones, sus naturales depredadores. Esta vez era otro el cazador. Las afiladas cornamentas solares acechaban a las aves: una por una fueron trinchadas, atravesadas, desgarradas por los pitones del astro rey. Las cornaduras de la enloquecida estrella surcaban el firmamento, ensartando a todo plumífero sangriento. En la radio la matanza fue anunciada con este titular: “Hoy, sobre Lanzarote, hubo un holocausto aviar”.

 

Entrenamiento


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del Sol.

Pájaros negros y coloridos combatían arduamente, espoleados por las cornaduras del astro rey. Espectacular conflagración aérea que fue narrada por reporteros radiales, corresponsales televisivos…

–¿Por qué las obligas a luchar? –preguntó una nube.

–Hace eones las especies voladoras dominaban el mundo –respondió Sol–. ¡Vibraban con más energía! Los terrestres las confundían con ángeles y dragones. Pero las guerreras celestes se enfriaron. Evolucionaron lentamente. Hoy los humanos las extinguen. Las espoleo por nostalgia… y las entreno para futuras batallas…

 

Guerra


Pájaros volaban asustados y graznaban furiosos en el cielo.

Pájaros grandes enredados entre los cuernos del sol.

Pájaros negros combatían en las alturas: cornejas, cuervos.

Abajo, un niño que escuchaba rock en la radio les lanzaba piedras.

Arriba, Sol y Nube observaban.

–¿Quién gana? –preguntó Nube.

–Entender el conflicto es ganar la mitad de la batalla. Los cuervos poseen esa comprensión. Las cornejas no.

–Para ti es un juego, Sol. Para ellos, una lucha mortal...

–Antes de la guerra se aburrían. Les instigué con mis cuernos; encendí el entusiasmo en sus almas. Quizás la muerte les revele milagros imprevistos…

 

El locutor


Le llamaban Carlos Arturo Rueda, como el famoso locutor radial, por narrar desde hacía cincuenta años los partidos de la cancha de Los Alcázares. La junta directiva del barrio le pagaba cincuenta mil pesos semanales, la cuarta parte del salario mínimo legal, que apenas le alcanzaban para sobrevivir. Carlos Arturo era un hombre solitario, al parecer sin familia, sin hijos, sin parientes de segundo grado. Solo gozaba de la compañía de un pájaro negro, un cuervo, que solía posarse en el alféizar a vigilar sus movimientos lerdos en su intento de escapar de la muerte.

 

La presión


Mientras los demás candidatos organizaban fiestas y verbenas, y repartían bebidas y platos exquisitos a sus electores, el presidente caminaba con desgano a la cita con la democracia. No estaban los pájaros en el cielo, pero tampoco había mejorado la situación de la gente. Todo seguía igual. El presidente estaba cansado y no quería postularse a la reelección, pero el clamor de sus partidarios le obligaba. En la entrevista radial admitió que llevaba veinte años en el cargo y que no haría borrar los grafitis que le llamaban “dictadorzuelo”, “tiranuelo” y “pájaro de mal agüero”.

 

El profesor


Escuchó un ruido seco en el corredor, semejante a la caída de un mango maduro. Sus oídos captaron un golpe quejumbroso en el tejado y un gemido en la superficie del agua, como el rasguño de un pequeño cuerpo agonizante. Salió a ver. Un pájaro negro flotaba en el charco de agua lluvia. Lo sacó y secó con una toalla y le arrancó una pluma brillante y sedosa. La enhebró, en reemplazo de la flor, en el ojal de su saco. Exhibiendo ese símbolo funesto entró a su clase de técnica radial en la universidad.

 

Pajarraco


No hay bien que por mal no venga. Realizaba dos trabajos para sostenerse. Como periodista denunciaba la aparición de pájaros negros en la ciudad. Después corría al camerino a ponerse los zapatos talla sesenta, la nariz roja y los pantalones holgados de payaso. Aguardaba su presentación cuando un pájaro cayó a sus pies. No le causó lesiones personales. Le inspiró en la renovación de su repertorio. Renunció al noticiero y adquirió fama como “Pajarraco”. El público no para de reír. El payaso lanza graznidos graj graj graj, hace bromas de pájaros y simula caídas aparatosas.

 

El color de la evidencia


Pájaros de gran tamaño surcaban el cielo provocando susto entre los habitantes. Diversos compromisos les obligaban a dejar sus casas. La radio local exhortaba a reconocer la forma del pico y el color del plumaje de las aves rapaces. Nadie confirmó que fueran rapaces, pero todos manifestaron su temor por el vuelo rasante de los pájaros negros sobre sus cabezas. Un niño encontró en el patio de su casa una pluma negra resplandeciente y se emocionó al tocarla. Por su corta edad no sabía distinguir entre un canario y una corneja.

 

Deseos


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros venían a devorarse incluso mi sombra más lo que alguna vez fui.

Resignado a las ausencias deambulaba por el sendero de mis voces, con labios sin sentido y corazón de pulsos cansados.

Hasta que apareciste vos, con nuevos aires para que yo oyera el grito del alma. Para enseñarme sin verbos, o con aquellos latentes, que el amor no es ficción sino el encuentro de velas con deseos de ser realidad ardiente y nueva oportunidad.

 

Premonición


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros que con sus alas intentaban disipar aquella premonición que el oráculo les había pronosticado. Emitían señales a sus congéneres a base de graznidos desesperados intentando eludir aquel mal que se avecinaba sin remedio. Un cielo cargado de noche iba desplegando su manto y cubriendo de oscuridad aquel escenario.

En pocos segundos la luna se solapó con el sol. Ambos ofrecieron el vaticinio que los astrónomos no paraban de enunciar por la radio... Un eclipse.

 

Isleño


«En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros...»

… de luto cerrado, vestidos de muerte.

Dijo la radio, como epitafio, que: me di un paseo por la vida; que son islas. Y que escribí libros.

Fueron breves, porque hay más.

Ahora, sigo muriendo.

 

Órbita garza


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros, dispuestos a no sucumbir mientras las alas se lo permitiesen. Era el cielo o el infierno; y en el medio, el sonido de una radio, encendida, sobre la cubierta de una embarcación. Los pájaros descendieron. Conforme lo hacían, se mostraban cada vez más sosegados. Aquella agradable melodía les invitaba a posar allí sus patas. Luego las noticias les volvieron a asustar. Alrededor, seguía siendo todo un sólo horizonte de agua. Y seguía diluviando.


Niebla


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros que graznaban sin compasión; unos pájaros que bajo alas oscuras escondían su temor. La anciana no observaba el cielo, seguía caminando impasible, con el cesto bajo el brazo, la radio portátil emitiendo niebla. Hacía oídos sordos a sus llamadas, pensaban los pájaros, ya que por muchos que fueran y por más que graznaran no conseguían que la anciana mirase, dolida. La anciana sonreía. Hacía oídos sordos a sus llamadas porque sordos eran sus oídos.

 

Cuentos de la radio: carne de cañón


"En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros...”

...La radio había informado, las condiciones meteorológicas serían desfavorables.

La calima era densa sobre el cerro donde se fueron posando, en hilera, hasta circunscribir un horizonte con viso sobrecogedor.

El sol abría sus puertas a la mañana. El mayor, desplegó alas, se acercó a Fermina, miró a sus ojos, y gritó con pavor:

¡Es la bruja de cuya mirada brota veneno mortal! ¡Nos exterminará!

Huyendo de la muerte, la manada precipitó su vuelo hasta el interior de un cráter en busca de refugio, mientras Fermina, horrorizada, respiraba olor a mal agüero chamuscado.

 

El viaje eterno


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros que anunciaban la muerte. Y ella tenía que decidir, entre el sufrimiento y la tranquilidad, entre vivir o morir. Cada día encendía la radio y se dejaba llevar atraída por la belleza de la música. Pero llegó el momento en el que los oscuros pájaros vinieron para llevársela al cielo, donde lejos de sus seres queridos, descansó para siempre.

 

Pájaros de luto


Las campanas repican en la noche... y hacen golpear la vieja aldaba de la puerta del cobertizo. No quiero oírlas. Enciendo el transistor y escondo la cabeza bajo la manta. Las ondas de radio me traen una voz amortiguada, cálida, que me habla de almas descarriadas y de perdón... Una voz acogedora, como de abuelo afable, hospitalario. De pronto me falta el aliento. Intento incorporarme pero la cobija se ha vuelto pesada como una losa. Huele a tierra mojada. Y unos pájaros negros, de luto, se descuelgan de los cuernos de la luna...

 

Adiós


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros que indicaban el camino hacia la nueva vida.

Recuerdo estar tumbado plácidamente en el butacón, tras la sobremesa, con un licor y el inseparable puro. La música mecía mis siestas desde hacía décadas, y me acompañó también en la transición.

No entendía el enfado de mis acompañantes alados, hasta que caí en la cuenta de que mi mano aún se aferraba a la radio. Lamentablemente no podía llevármela… la solté, y mi alma voló.

 

Desintegrados


“En el cielo unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros que ascendieron como suicidas al cielo. Se elevaron velocísimos, rompieron la barrera del sonido; uno por uno se desintegraron en el aire; devinieron en infinitesimal polvo, desde el pico hasta la cola. Competían para ver quién volaba más alto; primero fijaron como meta las copas de las secuoyas; luego los nimbos; después el sol. Y los candentes cuernos solares los redujeron a nada…”.

Así concluye nuestro programa radial “Historias extrañas”. Que tengan muy buenas noches...

 

Premonición 


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros como nuestra arena, brillantes como las teclas de un piano. De repente, el sol huyó despavorido y el cielo adquirió unos preocupantes tintes plomizos. Por un momento, creí sentir un mareo; pero no, la copa recién servida estaba cobrando vida. La radio se apagó con un brusco portazo y dejó de escupir reggaetón; me había quedado solo. Solo Mararía y los animales habían visto al diablo pinchar con su forca las entrañas de la tierra.

 

Sortilegio astronómico


"En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros...”

Eminentes científicos del Instituto de Astronomía de California informan que, dichos seres, migran desde hace siglos entre diversas constelaciones, buscando un planeta que reúna condiciones idóneas para asentarse,- retransmitían grandes altavoces colocados en la plaza del pueblo, ¿Qué tiene que decir al respecto nuestro invitado especial de hoy en “La radio es nuestra”?

Buenos días,- contestó Copérnico - parecen aves, pero son crías de dragones.

Cuando se desarrollen, tendrán cuerpo de serpiente, garras de león, alas de águila y serán capaces de volar alto y saltar por encima de 40 metros...

¡Papááááááá! - berrearon las criaturas

 

72 años 


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros que se precipitaban bruscamente entre la sombra de los riscos, Takeshi los observaba boquiabierto desde lo alto de la atalaya a la que había subido para hacer yoga. Atraídos por tan inusual comportamiento, pronto llegó la gente del pueblo haciendo cavilaciones: unos decían que era el cambio climático, otros una maldición, otros permanecían atentos a la radio…

Takeshi estaba paralizado por la escena , deseaba irse pero era incapaz de moverse.

Pronto salieron de dudas, cuando un potente ruido llegó en forma de avión por el horizonte, volaba bajo y en su fuselaje se leía : “Enola Gay”.

 

El Pozo


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros que picoteaban mis pensamientos y no me dejaban respirar bien por mucho que lo intentaba. Estaban en todas partes, si miraba las palmeras mecidas por el viento, los veía parasitando las hojas secas que cubrían el tronco; si sentía la suave brisa del mar me trasladaba aquel verano donde me robaron la inocencia, siquiera la radio conseguía alejarlos. Pronto anidaron entre los bucles de mi pelo y se hicieron fuertes en mi mente, lo peor era la noche cuando el hospital apagaba la luz y danzaban a su anchas por todos los rincones oscuros de mis recuerdos.

 

El Regreso


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros que acompañaron a María en el velatorio y graznaban como locos cuando se acercaban a dar el pésame. Tanto ruido hacían que intervino el cura y el director del tanatorio afirmó que nunca había visto cosa igual. A las dos y media se procedió al entierro; durante la comitiva siguieron chillando y revoloteando , la madre de María puso la radio para no escucharlos. Ya en el cementerio el sonido era estruendoso y todo se precipitó: hasta María, que subía en aquel momento del laberinto, abrió los ojos al recibir la primera palada de tierra sobre su ataúd.

 

Silencio


…que a sus veces chocaban unos con otros como si de una película de Hitchcock se tratase.
Mientras miraba por la ventana con extrañeza, la radio quedó en completo silencio hasta emitir un pitido insoportable. Me abalancé a apagarla cuando sentí un nuevo ruido aproximándose. Como antiguos camiones de basura iba acercándose rápidamente hasta llegar bajo mis pies, los cuales se movían de un lado a otro, pero no era yo, todo se movía. Me abalancé bajo la mesa y cómo un chasquido todo quedó a oscuras y en completo silencio, excepto por los graznidos de aquellos pájaros negros.

 

El principio del final


…negros como el azabache, nadie comprendía la situación que estaba por ocurrir.
Como si fuera una lluvia negra, aquellos pájaros iban cayendo uno tras otro sobre el asfalto.
Estaba ocurriendo delante de mis ojos, lo que todas las noticias del mundo estaban anunciando continuamente en radios y televisiones. Primero fueron las abejas, luego diferentes especies marinas y ahora le había tocado a los pájaros.
El planeta estaba muriendo y ya no había marcha atrás, sólo quedaba esperar a recibir las consecuencias de nuestros actos. En silencio me quedé mirando como caían, pensando en cuando caeríamos nosotros.

 

Ocaso


…negros como la noche que estaba por caer; aleteando como una locura incesante que no dejaba reposar mis pensamientos; graznaban y gritaban sin que nada ni nadie los fuera a molestar.
Tal vez era mi cabeza, o simplemente el mundo confabulaba contra mí para que cada situación trivial me recordara a mi juventud. Pensamientos acompañados del leve sonido de radio al fondo, recordaban que mi vida seguía extinguiéndose y desde la ventana postrado en esta cama, mi mente vuela asustada y grazna furiosa, como aquellos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros.

 

Crisis


…me miré las manos manchadas de barro y corrí hasta casa. Mientras me lavaba oí el helicóptero pasando nuevamente por las inmediaciones, buscando seguramente a la pobre muchacha desaparecida en la costa, que tanto salía en las noticias de radio.
Escuché a mi marido entrar, miró la fruta que recién había recogido y se fue directo a la cama; dos trabajos bastaban para pagar todas las facturas, pero también bastaban para matar toda pasión y alegría veraniega que rodeaba a la isla. Ahora casi todos vivíamos así, la crisis era para nosotros, no para los bancos.

 

Sin título


“En el cielo, unos pocos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pocos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros …”
que horas más tarde aparecieron en la playa, para picotear a otros que flotaban, mecidos al antojo de las olas. Estas los escupían sin miramientos hacia la orilla, junto con una maraña de algas verdosas y azuladas, dejando ver sus cuerpos inertes medio desplumados y hasta sin cabeza en algunos casos.
Por la noche, puse la radio y pude oír como el locutor narraba la historia de un barco al que se le había soltado su carga con el temporal. Gallinas negras, con una extraña enfermedad…, cuyo destino era un laboratorio clandestino.

 

Una y otra vez


Donde mirando al cielo unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos, unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol, unos pájaros negros que ningún buen augurio traían...
La radio se conectaba , tenía el poder, decidía por ti , sumiso a la onda, hasta que el desconcierto dejó patente que bajar el volumen era lo mejor, más, la silencié un tiempo evitando así la entrada de más información mal gestionada, pensé: - cuando vuelva a ser libre escuchándote te liberaré- así fue, pasó el tiempo, . Sin radio y con rayos de sol enredados comenzó el aislamiento

 

La olivina


El vuelo crispado de los pájaros negros por los riscos escarpados del macizo de Famara, presagiaba que nada bueno acababa de acontecer en la isla.
Rocas verdes manchadas de lágrimas del color de los bellísimos ojos de la chica de piel tostada por el sol que, despechada por el rechazo de su amado, acababa con su vida tirándose por un barranco después de no encontrar ningún consuelo a su desgracia.
Al poco tiempo, la radio informaría de la desaparición de la joven, mientras, según cuenta la leyenda, las piedras del lugar quedarán impregandas de verde esperanza para siempre...

 

La inquietante alerta


Los pájaros negros descendieron el Timanfaya formando un grupo tan cerrado que no dejaban ver el sol.
La radio informaba de un terremoto en Lanzarote y mientras, playa Blanca permanecía repleta de gente que disfrutaba del último baño de la tarde.
De repente, las aves aparecieron en la playa y sobrevolaron el mar graznando inquietas, como alertando de que algo ocurriría próximamente, pero los bañistas hicieron caso omiso a su inquietante aviso.
Al poco tiempo, un enorme muro de agua se iba a abalanzar sobre la playa dejando un rastro de muerte y desolación.

 

El nuevo visitante


En el cielo unos pajaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pajaros que se enredaban entre los cuernos del sol,unos pajaros negros Rumbo a San Bartolome pongo la Radio y precisamente se debatía esta cuestión,y el porque ya no volaban asustados. Y mas que enredarse se mecían en los cuernos del sol.
Muy sencillo contesto un contertulio músico el . Se han apaciguado con la voz de un recién llegado,la voz portentosa de Ico Arrocha.

 

Final


Cuando regresamos a la venta, Isidro miró el transistor y se quedó con ganas de prenderlo. Los días de entierro no se puede escuchar el serial. Entre pañuelos, una voz en el exterior crepitó: algo sobre la botella, el duelo o el diablo. El motor del camión de Pedro terminó de callar el crepúsculo mientras sus luces amarillas lanzaban una mirada sin pudor a las siluetas que abandonaban la calle. Unos goterones empezaron a disparar al inerte suelo de Femés y callados, levantamos los vasos, para celebrar la derrota del sol.

 

Principio


…pájaros negros…” Juana apagó su Smartphone y se quitó los cascos, aturdida. Llevaba días siguiendo el programa de lectura radiofónica. Las palabras del poeta la habían envuelto mientras recogía la casa, mientras tendía la ropa, mientras maquillaba las malas noches. Miró de nuevo a su móvil. Ningún mensaje, suspiró. Le picaban los ojos. Y los celos. Y alguna forma de rabia también. Nada cambiaría jamás. Encendió un fósforo y vio un reflejo en la llama: solo podía ser el de María de Femés. Miró a la botella de ron y supo lo que tenía que hacer.

 

Sin Título


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros eran responsables de su insomnio. Sus miedos la perseguían también despierta, por más que tratase de enterrarlos. Como aquellas aves, siempre encontraban el camino de vuelta. Y ella, presa de su propia jaula, escogía qué sonrisa llevar cada mañana. Ponía la radio imaginando otra realidad, donde era feliz. Hasta que un día una pluma cayó a sus pies. Y descubrió que los pájaros solo hacen ruido. Y que podría escribir una bonita historia con aquella pluma.

 

El hallazgo


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros llamados guirres. Seguí caminando, escuchando la radio que llevaba en mi bolsillo, arrastrando los pies por la arena amarillo. Deslumbrado por el sol y la fatiga me fui acercando hasta el lugar donde los pájaros se arremolinaban. Una desbandada levantó el vuelo arrastrando un polvo amarillo que me cegó por un instante. Cuando los abrí vi el rostro sin ojos del ahogado que el mar había traído hasta la orilla.

 

Sueño de gloria


"En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros...” que descendieron entonces, la tierra fue la cúspide de su odio animal, y los hombres pagaron la ofensa hecha a los pájaros con sus vidas y las de sus hijos. Una música sonó, - esto es todo por hoy- anunció la voz del actor de radio. Luego de terminado su programa, Rafa volvió al hogar, besó la foto de Orson Welles de su mesita de noche y comenzó a matar a los cientos de pájaros enjaulados.

 

Una y otra vez


La radio se conectaba , tenía el poder, decidía por ti , sumiso a la onda, hasta que el desconcierto dejó patente que bajar el volumen era lo mejor, más, la silencié un tiempo evitando así la entrada de más información mal gestionada, pensé: - cuando vuelva a ser libre escuchándote te liberaré- así fue, pasó el tiempo, donde mirando al cielo unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos, unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol, unos pájaros negros que ningún buen augurio traían . Sin radio y con rayos de sol enredados comenzó el aislamiento .

 

De Fene a Femés


…unos pájaros negros cuyas siluetas amenazantes podían entreverse tras el cristal envejecido de la claraboya del desván. Coincidencia, destino o ironía le habían llevado de su Fene natal en Galicia a Femés en Canarias. Mismo océano y distinto cielo. Aquellas sombras negras volvían a aparecer en su vida y en sus sueños. El dolor había desaparecido pero el sufrimiento continuaba. Sin embargo, aquella mañana se le antojaba distinta, como un nuevo comienzo para todos. Desde las ondas de la recién inaugurada emisora de radio en Lanzarote se empezaban a transmitir esperanzadores aires de libertad.

 

Mi rincón


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros que desesperados buscaban algo que comer. Resultaban bastante molestos. Apenas podía relajarme en aquella hermosa playa, ni escuchar mi programa favorito de radio sobre una gran roca negra situada en un extremo de la playa. Era donde los bañistas nunca se acercaban, pudiendo así gozar de la cálida y dulce voz de la locutora. Pero quién me iba a decir que, aquellos reboltosos pájaros, me dejarían aquella tarde sin mi deseada voz radiofónica.

 

Paseo mortal 


Pajaros negros que proyectaban sombras negras sobre las Ramblas de Barcelona y que anunciaban el triste presagio de lo que iba a suceder.
Yo caminaba por el paseo escuchando la radio, cuando de repente su sonido se ocultó entre los gritos de la gente que huía de una furgoneta blanca que les iba atropellando sin compasión; solo oía las llamadas de socorro de personas heridas que derramaban su sangre y el grito desgarrador de las madres por sus hijos muertos: ¡¡¡ Mi niño, mi niño, mi niño !!! 
La muerte se paseó por las Ramblas.

 

Micaela


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enrollaban en los cuernos del sol, pájaros que mi abuela Micaela, enlutada desde los veinte años por la muerte de un hermano, renqueante, espantaba cada atardecer cuando se acomodaba en una desvencijada silla de anea del empedrado patio, en ese ceñido espacio en el que las patas no cojeaban; su incipiente sordera y la vieja ASKAR enchufada en el comedor, la radio que le trajo mi abuelo de Irún antes de la guerra, contribuían a la esperada difusión en el barrio del acontecimiento diario: “Matilde, Perico Y Periquín”; solo recuerdo la canción del Cola Cao y el final de cada capítulo: Periquín, guapo, ven aquí…

 

Kosmogonía


Unos pájaros negros de dorados ojos surcaban enloquecidos como en una danza macabra el atardecer apenas constelado por una estrella. Los ojos del pintor, ajenos al infausto augurio, recorrían la paleta con delectación, mientras su pincel derramaba en el lienzo con precisión arcana la costa del Rubicón, las afrentas de los vientos, asedio de la arena que quiere ser desierto; las construcciones refulgentes de plata encaladas; el desamparo de un paisaje labrado por las huellas de la luna, por la fuerza telúrica de la tierra.”Ya podría morir”, pensó. Mientras, la radio susurraba mensajes incoherentes. Su cuadro contenía el mundo.

 

María


Pájaros negros como la alargada sombra que acababa de sumarse al vuelo mientras un desgarrador alarido congelaba la sangre de todos, enmudeciendo a los perros y aterrando los ojos del niño que miraba al cielo, siguiendo la figura de la bruja que por siempre sobrevolaría Femés, acechando a sus gentes para arrastrarlas consigo.
Durante años, el niño evitó mirar por encima del horizonte, aún cuando su cielo solía lucir despejado, plomizo, desnudo de sombras; mas aquel día que en la radio sonaba "Duerme Femés...", cayó preso de la pasión de otra María...y pudo elevar sus ojos enamorados al cielo!

 

Ondas palabras


… despiadados cuervos suspendidos, ondas invisibles de la radio, incansables; la palabra de María sin dar tregua al diablo del silencio, sin callarse, mañana tarde noche, hasta el surco negro.
Ufano sinfín de las ondas, de su cabeza hasta su lengua, su secreto; infinitos planetas de fuera, helados de voz; visitando hasta las estrellas que murieron ya y las que no han nacido, espacio aún no descubierto, aún no conquistado, visitado por el susurro interminable de la voz serena de María, inmortal como los años luz, como la memoria de todos: de esos que nunca conoceremos.

 

Venganza


En el cielo, unos pájaros volaban asustados y graznaban furiosos; unos pájaros grandes que se enredaban entre los cuernos del sol; unos pájaros negros, enloquecidos de rabia al ver derrumbado el último árbol. Sus nidos, su descendencia, yacía en el suelo. Pronto la venganza se multiplicó por millones sobre cada casa y edificio, los pájaros, en su delirio, aceleraron sus células evolucionando al tamaño de un lobo. A las 7 de la mañana, la radio anuncia el toque de queda y el locutor grazna el clima mientras los pájaros, sombríos y amenazantes, abarrotan las calles y caminan cargando pesados portafolios.

 

Inquietante Vuelo


Valentín resultó ganador del concurso de relatos de la radio y viajó a Lanzarote con el dinero del premio. Buscaba inspiración para su novela.
Se instaló en una casa rural con encanto en Femes, un pueblo del interior, desde la cual había unas espectaculares vistas. Una noche le despertaron unos ruidos, al asomarse descubrió la luz de la luna ensombrecida por una bandada de pájaros negros que volaban dibujando inquietantes formas mientras graznaban asustados. A la mañana siguiente, en cada rincón del pueblo, se oía el eco de que Mararía había vuelto.
 

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