
- La bandera canaria ondeó en el techo de África
Hay gente que programa sus deseadas y esperadas vacaciones estivales entorno a una piscina y al relax total. Otros, en cambio, prefieren visitar algún territorio desconocido. Algunos son de pulsera y “todo hecho, ni una preocupación”. Los hay, también, que deciden quedarse en casa y aguantar los rigores del infierno canicular en las proximidades del sillón televisivo y la nevera salvadora. Por último, hay gente que aún respira por hacer realidad sus sueños. Son los aventureros, los últimos románticos, aquellos que deciden vivir la vida esperando una señal. En ese momento, apuestan todo por lograr lo que han estado esperado tanto tiempo.
A pesar de su juventud, Ana Cabrera es toda una veterana en esto del senderismo. Ha subido cumbres en Suramérica, en Europa, en Canarias y en buena parte del territorio peninsular español. El otro protagonista de esta historia, Juan Hernández Auta era todo un novato que tenía como sueño infantil alcanzar la cima del Montblanc – asegura que ese sueño lo sigue manteniendo vivo aún hoy-. Decidieron a comienzos de verano – el pasado 5 de julio - cumplir un sueño, una promesa: se propusieron alcanzar a pie la cresta del Kilimanjaro, la cima más alta del tan cercano, y a la vez desconocido, continente africano, para llegar a una altitud de 5.895 metros. El reto mayúsculo. Los antecedentes, una incógnita.
Juan y Ana se fueron hasta Tanzania con el único bagaje de varios paseos por las Islas que conforman el Eje Oriental canario y una única ascensión al Teide, no lo olvidemos con la cima a 3.718 metros, más de dos mil por debajo del coloso africano.
Juan veía en esta aventura africana la antesala a su sueño francés. Ana, un punto más en esa carrera que mantiene por conocer los límites de la resistencia humana.
Así, durante el pasado mes de julio, Ana, Juan y Tomás González, un majorero aventurero avezado en esto del trekking o senderismo, conformaron una expedición que tenía como misión alcanzar la cima del Kilimanjaro, en pleno corazón del África subsahariana. En realidad, la expedición española estaba compuesta por 4 personas toda vez que se les unió Pablo Truchuelo, natural de Miranda del Ebro.
El vuelo Arrecife-Madrid- Addis Abeba transcurrió con absoluta normalidad. Los nervios lógicos inherentes a tan magna aventura impidieron disfrutar del avión y de un “vuelo bastante cómodo” a los protagonistas de nuestra historia. “A medida que nos acercábamos a nuestra meta, que era a la vez punto de partida, nos poníamos un poco más nerviosos ya que teníamos muchas ganas de empezar la aventura”, confiesa Juan.

- El buen tiempo acompañó a los expedicionarios
Internet permite hoy conocer hasta el más mínimo detalle de todo cuanto acontece en el planeta, hasta lo más nimio. Así, Juan y Ana lograron embalar un equipaje que contaba con todo lo deseable para alcanzar esos 5.895 metros en las mínimas condiciones de salud - a esa altitud, la falta de oxígeno y el frío pueden causar estragos entre los aventureros más osados-. La lástima es que el equipaje se extravió – “¡qué sorpresa¡” – y que nuestros expedicionarios llegaron hasta el campamento base con lo puesto – Ana nos relata, en ese momento, que por calzado llevaba, únicamente, unas playeras, y que si no hubiese llegado a tiempo su maleta, posiblemente hubiese desistido de la idea de subir hasta el Kilimanjaro-. Así que, sin abrigos y con doce tanzanos haciendo las veces de porteadores, guías, cocineros y camareros, la expedición casi canaria se adentró en el corazón de Tanzania con el gran objetivo de colocar una bandera blanca, azul y amarilla en lo más alto del Kilimanjaro.
En este punto, Ana y Juan coinciden al señalar el “estilo de vida” que se ha creado entre los tanzanos alrededor de los turistas que deciden ascender a esta cumbre. “El gobierno obliga ascender con tres nativos por occidental, lo que equivale a pagar un sueldo mínimo – 20 euros – por ascender con ellos”. Veinte euros. Es el precio que marca una vida. Porque como cuentan nuestros expedicionarios, “aunque elegimos la ruta más sencilla de las tres que ascienden al cielo de África, nosotros vimos bajar a varios guías y porteadores transportando a occidentales muertos en camillas. Otros bajaban con síntomas de agotamiento y a otros, sencillamente, les faltaba oxígeno”.
Juan asegura que se quedó “maravillado” con el estilo de vida que habían desarrollado los tanzanos. “Vivían en los márgenes de las carreteras. Lavaban ropa, preparaban la comida, se sentaban a charlar… todo al lado de las carreteras”.
Moshi
Esta pequeña ciudad tanzana es la antepuerta del Kilimanjaro. Allí llegaron Ana, Juan y Tomás tras hacer la escala en Addis Abbeba. Moshi es punto de partida para todas las expediciones que quieren ascender al Kilimanjaro, toda vez que desde allí es bastante accesible llegar hasta Marangu Gate, la auténtica puerta de entrada al parque del Kilimanjaro, a una altitud cercana a los 1.800 metros. Allí, después de hacer noche, nuestros aventureros comenzaron su ascensión en medio de un sendero en muy buen estado y una vegetación frondosa y tropical. Juan relata que, en algunos momentos, “la vegetación que nos rodeaba recordaba a la que tenemos en las islas occidentales del archipiélago”.
El primer refugio de esta ruta, Mandara Hut, se encuentra a 2.700 metros de altitud, una altura más que considerable. Para alcanzar este primer refugio, tardaron más de 4 horas. Es cierto que se puede hacer en menos tiempo, pero el guía tanzano, al grito de pole pole (“poco a poco” en swajili) iba sugiriendo, “y casi obligando” al grupo a caminar más despacio para no dar un paso de más, ni tampoco más largo. A esta altitud, se empieza a notar la falta de oxígeno, y cualquier abuso puede ser el origen de dar marcha atrás y comenzar a bajar. A todo esto, el sendero se va convirtiendo en un subir y bajar de porteadores con carga, “gente que por increíble que parezca, podía subir o bajar con diez o doce kilos de peso en la cabeza con las manos en los bolsillos y cantando”.
Es precisamente en ese momento cuando Juan y Ana se llevaron una de las más gratas sorpresas de todo el viaje: dos porteadores autóctonos llegaron hasta el campamento base con sus maletas sobre la cabeza. “Están preparados para todo” comenta Juan.
El segundo día, la expedición se levantó bastante temprano. Por delante un duro camino en el que se adentraba en la parte más dura del viaje: después de más de cinco horas de dura ascensión, Juan, Ana y Tomás arribaban al campamento Horombo Hut, a 3.720 metros de altura (recordamos, 2 metros por encima del Teide, la cima más alta de España). Después de abandonar la última zona boscosa, el paisaje cambia hasta parecer lunar, “algo parecido al que rodea al Teide, en Tenerife”. Es en este punto de la caminata, cuando comienzan a avistarse los primeros glaciares, los montes Kibo y el Mawenzi. Por el camino siguen disfrutando del brezo, las lobelias gigantes y las proteas gigantes pero a lo lejos ya se disfruta de la vista de las nieves perpetuas de las cumbres más altas.
El tercer día de ascensión, los guías les recomendaron ascender hasta un monte cercano para aclimatar el cuerpo, a ¡4.000! metros de altitud.
“Ya estábamos curados de espanto” confiesa Ana. “Durante esos días habíamos visto subir y bajar varias camillas con caminantes y senderistas muertos o en un estado próximo a la muerte. Nosotros teníamos un poco de miedo en el cuerpo, pero aún así, la ilusión que teníamos era capaz de vencer cualquier obstáculo que se nos presentara”.
“¿La comida?” responde Juan con una pregunta a otra nuestra. “La verdad es que no tienes tiempo de enterarte de mucho, pero el grupo con el que subes a la montaña siempre lleva un cocinero que, en el campamento, prepara comida con mucha base de arroz, cereales, huevos – que tenían la yema blanca, un pollo bastante bueno. En fin, una dieta bastante llevadera… Ah! Y sopas, muchas sopas para aguantar el frío que pasamos – Juan y Ana llegaron a padecer temperaturas que rondaron los 15 grados bajo cero “y eso que nosotros estábamos dentro de cabañas y subimos en unas fechas en las que nos acompañó bastante el calor. Imagínate aquellos que optan por subir vivaqueando o en tiendas de campaña”.
El cuarto día de viaje, nuestros protagonistas subieron desde Horombot Hut al monte Kibo, a unos 4703 metros de altitud. Fueron 5 horas de dura caminata en las que la dureza de la pista y lo agreste del terreno comienzan a minar la moral de los más exigentes. El paisaje se torna, definitivamente, alpino en medio de una amplia zona desértica entre los picos de Kibo y Mawenzi, conocida como el Paso Kibo. Allí desaparece todo tipo de vegetación, “aunque, de vez en cuando, aparecía un tipo de margarita de la que no recordamos bien el nombre”.

La dura ascensión
El quinto día era el más esperado por todos los integrantes de la expedición. Según todos los cálculos, ese día se ascendía hasta la cumbre del Kilimanjaro, la cima más alta del continente africano. Ana y Juan no habían sufrido las consecuencias del mal de altura, aunque Ana reconoce “haber sufrido bastante dolor de cabeza, al despertarme sobre todo”. Nada que ver con otros senderistas y aventureros que, en muchas ocasiones, se vieron obligados a darse media vuelta ante los continuos vómitos o diarreas. Por cierto, hablando de diarreas, Juan asegura que padeció algo raro en el estómago, porque estuve tres días pachucho”.
La ascensión definitiva llevaba a los expedicionarios desde el monte Kibo, a 4.700 metros, hasta la cima Gillman, a 5.685 metros para, desde allí, en un tiempo aproximado de dos horas, llegar hasta el Uhuru, a 5.895 metros que le convierten en el punto más alto de África y en una de las siete cumbres más altas del planeta.
Debidamente abrigados, Juan, Ana y Tomás comenzaron la ascensión sobre las doce de la noche hora local. Después de los momentos más duros de todo el itinerario y solventando paredes “casi verticales”, lograron llegar a la cima Gillman a las 06:02. Desde allí hasta la cumbre fueron los momentos más duros y tensos de la ascensión, aunque al final, tuvo premio. “No se puede contar con palabras esa experiencia vivida” confiesa Juan. “Ver salir el sol tan alto sobre todo el continente africano, el glaciar que teníamos delante, el inmenso cráter lleno de hielo, el hielo que formaban figuras de algodón. Es algo que jamás olvidaré”. “Pero qué dura y qué frío fue esa última subidita de 1.200 metros”, asegura Ana.
Nuestros protagonistas no estuvieron mucho tiempo en la cima. “En realidad, nadie lo está”. Los cambios del tiempo en la montaña, el frío que hacía y la emoción que sentíamos hizo que nos pusiéramos tan nerviosos que sólo nos acordáramos de plantar una bandera canaria en la cima”.
Sobre la marcha, bajaron hasta el Horombo Hut, donde hicieron noche refrescándose con las imágenes vividas durante la mañana para, al día siguiente, bajar hasta Marangu Gate donde se despidieron de los porteadores, guías y cocineros para buscar, de nuevo, el hotel de Moshi donde les esperaba, sobre todo, una ducha calentita y reconfortante.
El Kilimanjaro
El Kilimanjaro es la cumbre más alta de África, con 5.895 metros de altitud máxima en Uhuru Peak. El volcán, todavía en activo y formado por tres volcanes, fue escalado por primera vez por el alemán Hans Meyer y el austriaco Ludwig Purtscheller en 1889. El glaciar existente en la cima le proporciona nieves perpetuas, aunque en los últimos años ha disminuido de grosor y superficie y se teme lo peor debido al cambio climático. Subiendo el volcán, se atraviesan varias zonas con diferentes tipos de clima: sabana, bosque tropical húmedo, tundra y la zona de nieves perpetúas cerca de la cima.
El Kilimanjaro es una de las pocas cumbres cuya ascensión no tiene las complicaciones de otras montañas míticas como el Everest o el K2, aunque por supuesto hay que ir bien preparado y se recomienda ir vacunado contra la profilaxis, la hepatitis tipos A y B,la antitetánica y contra la fiebre amarilla. Las tres rutas más sencillas para ascender, Marangu, Rongai y Machame pueden ser escaladas por una persona de buena salud sin necesidad de conocimientos ni experiencia en montañismo. Juan, Ana y Tomás subieron por la ruta Marangu, que es la más popular (lo que la ha hecho ganarse el nombre de ruta Coca Cola).
Después de conquistar la cima africana, nuestros tres caminantes se marcharon a descansar realizando un safari por los Parques Nacionales Lago Manyara, Serengueti y Ngorongoro. Regresaron a casa después de no se sabe bien cuantas horas de vuelo, pero eso sí, esta vez con sus maletas y con ganas de seguir “subiendo”.
Ana se marchó el pasado lunes “a descansar” caminando 15 días por los Dolomitas, en Italia. Juan, por su parte, asegura que subir al Kilimanjaro le ha servido para plantearse más en serio su sueño infantil de llegar hasta lo más alto del Montblanc, pero eso será otra aventura, el próximo año. Mientras tanto, seguirán a lo suyo, buscando un sitio cercano al cielo.



Chicos ,aunque la aventura me parece arriesgada, les felicito. Es bueno saber que hay gente desinteresadamente interesada por la naturaleza, por la convivencia, por compartir y por ofrecernos otras cosas que no sean malas noticias. Felicidades al periodista ,al medio de comunicación y !! como no !! a los protagonistas
QUE BONITO!! Ahora bien quisiera saber donde vacunan contra la profilaxis, la hepaitis, o contra la antitetanica.....Hay Sr. periodista....
Nuestra bandera tricolor ¿Cuando ondeará en el edificio de la ONU?
¿Cuando veremos nuestra bandera tricolor, con las 7 estrellas verdes, en la ONU?
¿Cuando nuestra bandera tricolor en la ONU?
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