Si uno acude al diccionario en busca de la palabra “envejecer” podemos encontrar las siguientes definiciones: “hacerse vieja o antigua una persona o cosa, durar, permanecer por mucho tiempo”. Si buscamos la palabra viejo/a encontraremos: “persona de mucha edad, dícese de la persona que ya no es joven”. Peor es acudir a un diccionario de sinónimos donde a la palabra viejo/a se le llegan a aplicar hasta 22 definiciones, la mayor parte de ellas palabras o expresiones que suelen ser utilizadas como insultos o de forma despectiva, en el lenguaje de todos los días.
La pregunta acerca de la edad a partir de la cual puede uno o no considerarse viejo/a no tiene respuesta desde el punto de vista fisiológico. La puede tener desde la socioeconomía. La sociedad suele imponer una edad de jubilación – no siempre en todos los países, ni en todas las profesiones -, que vendría a ser algo así como la edad de la muerte laboral o la entrada oficial en lo que en la sociedad considera reino de la vejez.
Dos son fundamentalmente las causas y el tipo de acción, a realizar desde las Asociaciones de Vecinos/as que constituiría un área en creciente expansión: el aumento del número de personas que llegan a la mal llamada “Tercera Edad”, y el cambio de los conceptos tradicionales sobre la responsabilidad familiar.
Respecto de la primera, la evidencia que, al aumentar las expectativas de vida, se eleva el número de anciano/as, exime de todo comentario.
Con relación a la segunda, basta pensar que hoy ya no ocurre como en otros tiempos, en que las personas mayores terminaban sus días viviendo con sus hijos y nietos o, en su defecto, con otros parientes; y cuando excepcionalmente no era posible, quedaban acogidas en un asilo.
Desde la última Guerra Mundial, cada vez se está haciendo menos habitual que los/as anciano/as vivan con sus hijos. Aunque algunos opten por ingresar en una residencia, la mayoría sigue alojada en su casa de siempre, disgregada del resto de la población.
La disminución de sus ingresos, de su movilidad física y de sus lazos sociales son los problemas más comunes de lo/as mayores.
No debemos olvidarnos de esos grandes problemas a los que nosotros deberíamos proporcionar soluciones. Las largas colas, las oficinas desigualmente repartidas, sus inconvenientes con respecto a los desplazamientos y acondicionamientos, la insistencia de hacerlos acudir una y otra vez a ellas, las escaleras, etc., representan sin duda, especialmente incomodidades y hasta trastornos graves para lo/as anciano/as.
Deberíamos de mirar a lo/as ancianos como personas, en vez de sucumbir a las ideas de que lo/as viejos son uniformemente incapaces de desenvolverse independientemente en la sociedad, y aprender de ello/as en nuestras Asociaciones. Son Verdaderos constructores de socialización, tanto en cuanto sus experiencias previas son fuente indispensable del aprendizaje cotidiano.
Deberíamos integrar a la Tercera Juventud, como así los denominamos nosotros, en todas aquellas inquietudes y animarlos a recuperar las ganas de vivir y hacerles entender que son un núcleo muy importante que esta sociedad civil necesita y no podemos prescindir de ellos.
No solo con viajes, meriendas o festejos; debemos entretenerlos se les debe conceder una retribución mensual digna y no de miseria como hasta ahora para que se puedan sostener económicamente y dejémonos ¡ya! de limosnas.
Debemos hacerles partícipes de nuestros colectivos sociales como personas emprendedoras que son, y aprovechar su dilatada experiencia en la vida realizando cursos didácticos para que ejerciten sus manos y su mente tan necesaria para no olvidar la memoria que como pueblo tenemos. NO son “muebles” son seres vivos activos que necesitan cariño y darles la oportunidad de ejercitarse manteniéndose ocupados en estos momentos cruciales en que vivimos.
CONCLUSIONES:
1.- Tenerlos en cuenta ya que son fuentes inagotables del saber y por su gran experiencia a la vez que respetarlos.
2.- Elevación del salario mensual de miseria que la mayoría reciben.
3.- Establecer Residencias dignas para nuestros ancianos, con lugares de esparcimiento y ocio, donde cultivar la tierra, cuidar animales. Que tengan una calidad de vida y con departamentos específicos para cada enfermedad geriátrica común.
4.- Mayor apoyo en la ayuda a domicilio.
5.- Construcción y apoyo económico a los centros de la 3ª Edad.
6.- Mayor control en la concesión de los viajes de turismo social de la 3ª Edad.
7.- Puesta en marcha de actividades culturales, físicas, de ocio.
8.- Entrada gratuita en museos y uso de guaguas, etc.
9.- Mayor atención sanitaria y farmacológica. Fomentar la especialidad sanitaria geriátrica.
10. Ayudar a las familias con enfermos o ancianos, promocionando esta ayuda con estudiantes especializados en geriatría o cualquier rama sanitaria en prácticas o formación (becando a estos estudiantes por ello), esta medida también se puede aplicar para estudiantes desplazados de cualquier rama que estén en acogida en una casa de ancianos.
*Nicolás Cabrera Acosta
Director Autonómico Departamento Histórico-Social de Titeroygakat
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el que está interesado en los temas de nuestros mayores, que acudan a Tias el jueves a las seis de la tarde en el salón de plenos del ayuntamiento, que van a dar unas charlas sobre la ley de DEPENDENCIA eso concierne a nuestros mayores y a sus familiares. por un mayor bienestar como dice este artículo, debemos informarnos de nuestros derechos como mayores. GRACIAS
La sociedad en que vivimos y el modelo impuesto es el que está haciendo que nos olvidemos de nuestros mayores. Para el estado ellos son un incoveniente. Los jubilados ya no producen, entonces el dinero que se destina a las pensiones o a entidades que se dedican a el bienestar de nuestros "viejitos" para ellos son dinero perdido.
Me parece denigrante que personas que han trabajado más de media vida reciban pensiones de hasta menos de 300 €; no es de extrañar que muchos prefieran vivir en la calle y poder comer,que pagar un alquiler y no tener que llevarse a la boca.
Desde mi punto de vista, podría calificar a la sociedad actual de egoísta. Hijos que dejan a sus padres ancianos o enfermos a su suerte, sin visitarlos, sin mostrarles cariño, abandonándolos como a un perro.
Yo tengo claro que jamás dejaré a mis padres en esas circunstancias. Haré todo lo que esté en mi mano para que su vejez sea una de las experiencias más bonitas de su vida. Nunca los dejaré solos, pues ellos son los que me enseñaron a caminar, a hablar, me levantaron cuando me caí y a ser alguien en este sociedad. Ellos son el pilar de mi vida; sin ellos yo no estaría aqui. No soy capaz de dejar en la estacada a quien me dio vida.
Los viejos son niños en un cuerpo envejecido.