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"Pensé que era una broma, ¡pero es verdad!"

La encargada de la administración de lotería del centro comercial Deiland no daba crédito cuando ha recibido la noticia: su establecimiento acababa de repartir 4 millones de euros? Vea la galería de imágenes y el vídeo  

Pensé que era una broma, ¡pero es verdad!
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FOTOS: Sergio Betancort.

 

Todos los clientes que hacían cola el mediodía de este 22 de diciembre en la administración de lotería del centro comercial Deiland para comprobar sus quinielas, comprar sus boletos de La Primitiva o, los más impacientes, averiguar si sus boletos de la Lotería de Navidad estaban premiados, no salían de su asombro cuando ha comenzado a armase un gran revuelo y la administración ha empezado a llenarse de gente, cantando, bailando y coreando vítores. Había tocado El Gordo de Navidad. Una serie completa del número 13.437 se había vendido en el establecimiento y la noticia ya había corrido como la pólvora. 

Mientras una de las empleadas todavía atendía a los clientes, la encargada de la administración, Saro Martín, ya no podía despegarse del teléfono. "¡Ha tocado aquí, sí! ¡Ha tocado aquí!", confirmaba emocionada entre el griterío, sin poder contener el llanto. La administración vendió 10 billetes de este número en ventanilla, agraciados con 400.000 euros cada uno. En 14 años que llevan abiertos, era la primera vez que daban un premio importante. "Pensé que caería un quinto, un premio pequeño... No me imaginé que sería el gordo", explicaba la eufórica Saro. 

La alegría ha comenzado a contagiarse entre todos los que iban llegando a la administración. Las empleadas, los clientes y los curiosos, que se asomaban al ver el jolgorio, han descorchado botellas de champán con las que las empleadas, desbordantes de felicidad, se rociaban y salpicaban a todos los presentes.

"Yo pensaba que era una broma, que era propaganda, ¡pero esto es verdad!", decía Saro sin parar de reírse. Mientras, los fotógrafos se agolpaban a su alrededor para hacerse con la instantánea del momento en que ella, orgullosa, se ponía la camiseta de rigor, para lucir en letras grandes la prueba de su fortuna: "Primer premio vendido aquí". De fondo, los amigos y familiares de las empleadas, que no han tardado en llegar para felicitarlas, coreaban el número premiado en voz alta, convirtiéndose en improvisados niños de San Ildefonso.

La encargada de la administración ni siquiera había tenido todavía ocasión de comprobar si ella misma se había hecho con un décimo, aunque temía no haberse quedado con ese número. Pero eso no le ha impedido celebrarlo como si así fuera. "No se puede explicar lo emocionada que estoy, es mejor que si me hubiese tocado a mí", decía. "Me gustaría que todos supieran que ha tocado aquí, porque tenemos muchos amigos canarios y peninsulares que vienen a comprar", ha añadido Saro, que a renglón seguido se ha dado la vuelta para fundirse en un nuevo abrazo de felicitación con una de sus clientas habituales, dispuestas ambas a continuar la fiesta.