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Un joven palmero reinicia su vida en Lanzarote después de que el volcán destruyera su casa

Rodolfo Martín asegura que “una parte de nosotros ha muerto con el volcán”, pero pese a las adversidades, “hay que seguir el camino”

Rodolfo Martín frente al volcán de La Palma

La lava del volcán ha causado estragos en numerosas viviendas y terrenos de La Palma. Es el caso de Rodolfo Martín, un palmero que vivía en casa de sus padres en el barrio de El Paraíso, en El Paso, y que después de que la lava sepultase su vivienda, ha decidido emprender una nueva vida en Lanzarote, como ha contado en Radio Lanzarote – Onda Cero.

Inicia esta nueva vida en la isla conejera gracias a la ayuda de Prensa Juvenil Canaria. “Ha comenzado una nueva etapa aquí”, ha manifestado Rodolfo, que valora muy positivamente “salir de La Palma”, ya que hay que “seguir el camino”. 

“A mediados de octubre se me planteó que se me podía ayudar desde aquí, que se me podía acoger y desde el jueves pasado estoy en la isla, viviendo aquí”, explica, y sostiene que es “gracias a la solidaridad de Prensa Juvenil Canaria”.

“Una parte de nosotros ha muerto con el volcán”, sentencia el joven, aunque sí considera que esta situación les ha hecho “replantear” la realidad a muchos palmeros.

“Lo que tenemos que saber como palmeros, y canarios en general, es que si hemos tenido que movernos y emigrar por otros asuntos más suaves, éste nos ha hecho ser humanos, y poner los pies en el suelo”, ha manifestado Rodolfo, que sostiene que si es necesario que haya que moverse “al barrio de al lado”, la sociedad canaria tiene que asumir que “no pasa nada”.

 

Veinte días después de la erupción, la lava sepultó su casa

“Por una parte se ha pasado rápido, pero la incertidumbre y otras sensaciones han hecho que se haya hecho súper lento”, ha señalado el joven, que explica como a los veinte días de la erupción, la lava se llevó por delante su casa y su terreno. 

Además, la situación fue incluso más difícil para él, ya que justo en el momento de la erupción, Rodolfo se encontraba en un viaje de doce días fuera de La Palma, y solo habían pasado cinco cuando empezó a expulsar humo y lava. “Obviamente tenía que disfrutar al máximo del viaje hasta llegar aquí,(La Palma) y en el primer mes había momentos en los que te levantabas y pensabas que tenías casa, y eso era muy duro”, ha señalado Rodolfo Martín, que sostiene que la aceptación de la realidad en ese momento es “un proceso mental que cada uno lleva a su manera”, algo que es “totalmente necesario”.

La lava del volcán a su paso por el barrio de El Paraíso

“Ver cómo el tejado de tu casa está empotrado junto a la lava en mitad de la calle, es muy complicado”, explica Rodolfo, que sabe bien de lo que habla, porque participó como voluntario en el sistema de avituallamiento a los efectivos que velaban por la seguridad ciudadana.

Una vez se quedó sin hogar, Rodolfo y sus padres fueron acogidos por su abuela, que reconoce que está “bastante curtida con los achaques de la vida”. 

Imagen de la vivienda antes de que la lava la sepultara

 

“Hay que tener una visión de qué es lo que queremos hacer con La Palma”

Cuando acabe la erupción del volcán, La Palma se enfrenta a una complicada situación de reconstrucción de la zona afectada, e incluso de “recalificación” de algunos terrenos. Sin embargo, Martín sostiene que “hay que tener una visión de qué es lo que queremos hacer con La Palma”, ya que habrá un espacio “que no se pueda utilizar”. 

“Se habla incluso de dos kilómetros de radio en torno al cono volcánico”, manifiesta el joven palmero, que pone de ejemplo a lo sucedido en Lanzarote con las erupciones de Timanfaya, en el siglo XVIII, como “la mejor versión que podíamos tener”. “Porque le sacaríamos partido a la ceniza y a la lava, a lo que nos ha hecho sufrir tanto, que es lo que han hecho nuestros antepasados, y qué mejor ejemplo que ese”, ha expuesto Rodolfo. 

No obstante, sí reconoce que hay un espacio que no volverá a ser utilizado. “Es cuestión de mirar a donde tu vivías antes, y mirar cómo ahora hay doce metros de lava en altura y cuatro kilómetros de ancho”, ha detallado Rodolfo, que afirma que ahí “no se va a poder hacer nada”, aunque existen zonas más accesibles con tubos volcánicos donde “se podrá hacer algo en el futuro”.