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Antonio Betancor: "Es un orgullo que me gane la vida como lo hacían las mujeres de mi familia"

"Mi tía se iba a trabajar, me dejaba el tejido de las rosetas, yo me sentaba a hacerlas y después me corregía todo lo que había hecho durante la tarde”, explica

Eider Pascual

Periodista

El artesano Antonio Betancor con uno de sus diseños

El lanzaroteño Antonio Betancor puede presumir de haber logrado algo único a sus 25 años. La Fashion Week de Madrid este 2024 le ha dado la oportunidad de ver sus diseños en la pasarela más famosa de España. Un joven artesano que comienza a expandirse en Canarias, en la Península e incluso, en el extranjero, en países como Venezuela, Puerto Rico, Japón e Italia. 

De la mano de un conocido diseñador madrileño, Juan Duyos, el joven ha viajado a la capital y ha podido disfrutar de una de las citas más importantes para el mundo de la moda. El poder acercarse a Ifema y vivir la presentación de su trabajo en vivo y en directo ha sido un sueño hecho realidad. Estar en contacto con el público y sentir las impresiones del resultado a una dedicación durante años le ha dejado muy buen sabor de boca. "Duyos me llamó y me invitó al desfile, una proposición a la que no pude decir que no", asegura a La Voz.

Sus impresiones durante el desfile fueron muy gratificantes. Recuerda que los allí presentes reaccionaron de manera muy positiva a la colección 'Islas Canarias', que acabó sorprendiendo a los espectadores. "Alucinaban con que yo hiciera las rosetas, pensaban que lo había hecho alguien más mayor", ha revelado el joven. Una situación que todavía sigue asombrando al artesano. "No me termino de creer haber llegado hasta aquí", confiesa. 

Los trajes que visten las modelos para la colección están llenos de rosetas, con diferentes características que hacen única a cada prenda. "Tienen aproximadamente 150 rosetas y todas son diferentes", apunta el artesano. En el caso de una de las faldas predominan los colores claros y metálicos. "Se diseñó una falda de organza con tonos rosa nude y rosetas plateadas y el sobrevestido de color dorado", añade sobre los detalles de la ropa.

Tradición familiar con mucho toque personal

Sentado en el sofá de su casa en Haría, el conejero Antonio Betancor aprendía a diseñar rosetas con 11 años, una tradición familiar que pasaba de generación en generación, en concreto, él pertenece a la cuarta generación en dedicarse a ello. "Es un orgullo que el trabajo que realizaban las mujeres de mi familia sea la forma de ganarme la vida", reconoce. 

Fue su abuela la que le inculcó la pasión por este tipo de artesanía. “Tengo la influencia de mi familia, de mi abuela y mi tía que fueron las que me lo inculcaron”, ha revelado al periódico. Al tener una enseñanza previa, fue logrando mejorar la técnica de forma autodidacta. "He ido mejorando las técnicas que me iban dando con auto formación", desvela. 

Su familia incentivaba que él se dedicara a formarse en la artesanía nacida en Canarias. "Mi tía se iba a trabajar, me dejaba el tejido de las rosetas, yo me sentaba a hacerlas y después me corregía todo lo que había hecho durante la tarde”, añade. 

El joven siguiendo la tradición familiar

Afirma que desde pequeño cree tener un talento especial para realizar rosetas. "Creo que tengo un don". Una frase que le han repetido algunas de las señores que se dedican a mismo oficio. "Me lo dicen muchas de las señoras que llevan tiempo trabajando en ello", asegura.

Su familia le ha manifestado la ilusión de verle cumplir algunos de sus principales sueños. "Es un orgullo para ellos ver que sigo con la tradición", manifiesta. Su tía no puede creerse hasta el punto que ha llegado en su profesión. "Me dice: nunca creí que se podría llegar tan lejos con las rosetas", añade en palabras de su familiar. 

Atrevido para darle un tratamiento diferente a las rosetas

Él ha sabido darle otro enfoque al negocio desde que se hizo autónomo hace tres años. "He querido ser más ambicioso y aplicarlas en la ropa de vestir", con el fin de que "llamen más la atención", puntualiza. No ha querido quedarse anclado en un pasado en el que se realizaban para moda de hogar. "Antiguamente se utilizan las rosetas para manteles, tela para cojines, colchas, juegos de tocador". Ampliar su mercado también ha sido su principal razón de éxito. 

No es la única parte esencial que hace su trabajo diferente al resto. Se dedica a comenzar y acabar todo el proceso de principio a fin. "Lo hago todo, el pique de metal, el cojín, diseño la roseta, las confecciono y las uno", comenta entusiasmado. Y recuerda cómo comenzó y todo lo que ha logrado. "Empecé haciendo los piques con las latas de aceite, pero decido ir más allá, y no centrarme solamente en la roseta".